No tienen otra opción; noticias esperanzadoras para las guarderías que panean el regreso de los niños

Teachers and toddlers in daycare

Sabrina Lira García se enorgullece de trabajar como asistente clínica en la sala COVID-19 de un hospital, pero a veces desearía poder quedarse en casa con su hijo pequeño hasta que la pandemia termine.

Pero sacar a su hijo de la guardería nunca ha sido una opción para Lira García. La mujer no puede hacer un alto en su carrera. Su marido nació en México y es indocumentado. La familia paga mensualmente los gastos legales para ayudarle a conseguir los papeles de residencia. Si lo deportan, ella sola tendría que mantener a Jeremiah, quien nació en octubre.

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“No me puedo permitir quedarme en casa”, dijo. “No tengo familia que viva cerca ni ninguna fuente de ayuda”.

En los últimos meses, Lira García y miles de otros trabajadores esenciales no han tenido más remedio que utilizar las guarderías y, por lo tanto, arriesgarse a exponer a sus hijos a una posible infección por coronavirus. Estos trabajadores han sido parte de un experimento nacional, no planificado, de gran relevancia para los padres que sopesan los pros y los contras de dejar que sus hijos vuelvan a la escuela este otoño.

Hasta ahora, todo parece ir bien. El número de brotes en las guarderías es bajo. Las investigaciones, hasta la fecha, han demostrado que los niños rara vez se enferman de COVID-19, y los menores de 10 años parecieran no ser tan eficientes para transmitir la enfermedad a los miembros mayores de la familia.

Estas dinámicas, y las precauciones adicionales que las escuelas están tomando con el uso de máscaras, las adaptaciones de los salones de clase y el hecho de mantener a los padres fuera de los edificios escolares, convertirían a las guarderías y a las escuelas en opciones razonables para las familias con niños pequeños saludables.

Sin embargo, no hay garantías. En junio se produjo un brote en un campamento nocturno de una semana de duración en Georgia, a pesar de que se adoptaron medidas para mitigar el riesgo. Al menos el 51% de los campistas de entre 6 y 10 años se infectaron con el coronavirus, así como el 44% de los asistentes de entre 11 y 17 años. Alrededor de una cuarta parte de los infectados fueron asintomáticos, según un informe de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y el Departamento de Salud Pública de Georgia.

Aún así, aunque una sola muerte relacionada con una guardería podría ser devastadora para los padres de cualquier comunidad, “las guarderías son razonablemente seguras”, dependiendo de la tasa de transmisión de la comunidad, expresó Ashish Jha, decana entrante de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown. El doctor Robert Redfield, director de los CDC, define actualmente un “punto caliente” como un área con un índice de positividad de más del 5%.

“Si te encuentras en el más caliente de los puntos calientes, y tienes brotes masivos, no creo que se pueda hacer”, señaló Jha sobre la escolarización en persona. “Aunque los niños se encuentren bien, se necesitan maestros y personal en las escuelas primarias”.

En California, donde la mayoría de las clases presenciales han sido canceladas desde marzo, hasta el 22 de julio unas 33,300 instalaciones de cuidado infantil permanecían abiertas. Estas instalaciones tienen capacidad para atender a 720,882 niños, aunque el número real es probablemente mucho menor debido a los frecuentes cierres y a los niños que se han quedado en casa durante la pandemia.

El estado había registrado 1,365 casos de COVID-19 relacionados con las instalaciones de cuidado infantil hasta el 22 de julio, de los cuales 261 eran niños. Durante el mismo período de tiempo, el 9% de los 425,616 casos de California se produjeron entre personas menores de 18 años, y no se informaron muertes relacionadas con COVID en este rango de edad. Desde entonces, California ha confirmado la primera muerte de un adolescente relacionada con COVID-19 en el estado.

El panorama es similar en otros estados que han recopilado datos sobre brotes en centros de cuidado infantil, incluyendo Texas y Ohio. Pero el bajo número de casos no significa que COVID-19 “sea una enfermedad completamente benigna en los niños”, indicó Ferrer. “Todavía tenemos mucho que aprender sobre los impactos del virus a corto y largo plazo”.

Hay un “gran vacío” de información sobre cómo se propaga el virus entre los niños pequeños y entre niños y personas mayores, señaló el doctor Jeffrey Gunzenhauser, director médico del Departamento de Salud Pública del condado de Los Angeles.

“No comprendemos del todo la dinámica de la infección y no conocemos realmente la dinámica de la transmisión”, dijo, por lo que los padres tendrán que balancear la relativa falta de información con su propia necesidad de cuidado infantil.

Además del estrés provocado por estas decisiones, es posible que los padres no quieran que los niños que están en la escuela o en la guardería vean a los abuelos u otros parientes que han ayudado a cuidarlos en el pasado, por miedo a transmitirles el virus, apuntó Gunzenhauser.

La incertidumbre sobre la transmisión es un factor que ha llevado a los padres a mantener a sus hijos en casa. Alrededor del 18% de los centros de cuidado infantil de los Estados Unidos y el 9% de los hogares de cuidado infantil familiar siguen cerrados a raíz de la pandemia, según la Asociación Nacional para la Educación de Niños Pequeños. En California, alrededor del 25% de los programas de cuidado infantil están cerrados, según el Centro para el Estudio del Empleo en el Cuidado de Niños de la Universidad de California-Berkeley.

“En base a lo que nos dicen los proveedores, esperamos que muchos programas se cierren permanentemente en los próximos dos meses si no reciben asistencia financiera”, dijo Sean Doocy, un investigador del centro.

De Kaiser Health News. Esta historia fue producida por Kaiser Health News, un programa editorial independiente de la Kaiser Family Foundation.