Celebraron la Posada Sin Fronteras aunque esta vez quisieron separar los feligreses

Representacion en la frontera. Foto: Manuel Ocaño.

Migrantes y organizaciones en Tijuana y grupos de feligreses en San Diego celebraron la 26 Posada Sin Fronteras, aunque por primera vez la patrulla fronteriza impidió que los grupos religiosos llegaran por Imperial Beach hasta el Parque de la Amistad.

“Esta es la primera vez en tantos años que las autoridades fronterizas no dejan llegar por San Diego a nuestros hermanos del otro lado”, lamentó el capitán Isaan Olvera del Ejército de Salvación de la colonia La Libertad en Tijuana, uno de los organizadores locales.

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De acuerdo con organizaciones, la patrulla fronteriza argumentó que las recientes lluvias habían cubierto con lodo el camino al parque, un tramo de unas cuatro millas.

“Pero en otros años por estas fechas también ha llovido y hubo lodazales, y nuestros hermanos pudieron llegar al calzar buenos zapatos y buscar alternativas al camino, incluso por la arena de la playa”, dijo el capitán.

Tradicionalmente, la posada se celebraba con cantos de villancicos como un diálogo de coros entre ambos lados de la frontera. Esta vez, mientras que en Tijuana llegaron al parque, en San Diego los feligreses tuvieron que reunirse en el parque Larsen Field, en San Ysidro frente a un centro comercial.

Mientras que en San Ysidro se congregaron poco más de 200 personas, en Tijuana migrantes y organizaciones celebraron la posada de manera más tradicional, apegada a las costumbres de México.

En una pastorela, un grupo de jóvenes de la Parroquia de María Inmaculada representó con ayuda de migrantes a los peregrinos que llegaron en busca de posada a Belén, solo que esta  vez en el camino un migrante centroamericano que, cansado, no podía continuar por la frontera, fue abandonado, asaltado y golpeado hasta que alguien de buen corazón lo recogió.

María Migrante, la madre del niño Jesús, llegó así a tener a su bebé en un rincón, justo en el rincón donde Latinoamérica se une con California y el Pacífico, frente a un muro de 30 pies de alto que esta vez tampoco se abrió para dejar entrar a los santos peregrinos.

Tras la pastorela y un rap de migrantes centroamericanos que extrañan a sus familias, los feligreses en Tijuana se unieron en cantos de villancicos.

Luego compartieron con visitantes al lugar y familias tijuanenses tamales y chocolate caliente.

En el parque Larsen Field, mientras tanto, los feligreses cantaron los villancicos en inglés y en español.

Cada diciembre la Posada Sin Fronteras inicia celebraciones en ambos lados del muro en temporada navideña.

El padre Pat Murphy, director de la Casa del Migrante de Tijuana, dijo estar seguro de que algún día en Estados Unidos dejarán pasar a los peregrinos que llegan en busca de posada, los que por ahora esperan en Tijuana conseguir asilo.