‘Golpeada’ por 9/11, su negocio no se ha podido recuperar, pero Doña Ruth resiste, con orgullo, las embestidas

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SAN YSIDRO, CA.- Como lo hacen los inmigrantes todos los días, doña Ruth Vega Yuse llegó a Tijuana en el año de 1969, procedente de su natal estado de Jalisco, México.

La razón era muy clara, dijo: “no había apoyo económico para seguir estudiando por parte de mis padres”.

“Yo tenía ya una hermana viviendo en Tijuana, después nos venimos para acá (San Ysidro)”, relató durante una entrevista con El Latino San Diego.

Pero Doña Ruth, actual propietaria de la tienda Progreso y quien forma parte del selecto grupo de pioneros de la comunidad de San Ysidro que aún viven, considera que el verdadero mérito de la existencia del negocio corresponde a su esposo, Jack Yuse.

Acerca de él, continuó, era un hombre rumano, quien acompañado por su padre, vendía –en los años 50- pantalones ‘jeans’, botas y ropa de trabajo a bordo de una camioneta tipo VAN, “cuando San Diego era un rancho”.

Pioneros del negocio

Indicó que eran, precisamente, hombres y mujeres del campo (inmigrantes) quienes consumían los artículos que Jack, (ya fallecido)y su padre, pues ambos los ofrecían en sus recorridos por las calles de esta comunidad.

Recordó que a su esposo, los clientes lo recuerdan popularmente como ‘El Charrascas’, “por una cortada que tenía en la cara”.

De acuerdo con la información disponible, la tienda El Progreso inauguró oficialmente sus puertas en su actual dirección de 199 Virginia, en 1971, y el nombre de la negociación, de acuerdo con Doña Ruth, fue motivado por una razón que no deja lugar a duda alguna: El progreso que el trabajo y el esfuerzo de Jack y su padre habían alcanzado.

“Lo limitado para sobrevivir”

No obstante, la entrevistada, quien con aparente timidez –pero sin perder nunca su amabilidad y sentido del buen humor- regresa a la realidad:

Transcurridas más de cinco décadas vuelve a la realidad: “Yo ya ahorita estoy comprando lo limitado para sobrevivir, pero tengo que esperar a que se terminen dos años de contrato con el dueño” (del lugar)”.

Y es que de entrada explicó por qué redujo tanto (las existencias y el espacio) de una tienda que se hizo popular en esta comunidad por la variedad de productos que ofrecía.

Una pesada loza

De hecho, los atentados terroristas ocurridos la mañana del 11 de septiembre del 2001 en las torres gemelas de Nueva York, iniciaron la debacle del negocio pues cayó como una pesada loza sobre la tienda, llegando a tener ventas a un 20%, y desde entonces, dijo, se encuentran en un 50%..

De entonces a la fecha, el desplome a las ventas del negocio debido a las severas revisiones de los inspectores de inmigración en la garitas de San Ysidro (y Otay Mesa), tras los atentados, originaron un desplome en las ventas del comercio local y El Progreso es un claro ejemplo.

A todo ello, la entrevistada agregó el impacto que sigue teniendo sobre el comercio de la frontera las obras de remodelación y ampliación que se realizan en la garita de San Ysidro y la prohibición de aduanas (SAT de México), de pasar mercancías al vecino país.

“Es que no se puede negar, usted está viendo en este tiempo que tiene, ¿cuántos clientes hemos tenido? Uno y nomás llegó a preguntar a ver si tenía (una licuadora). ¿Para que ocultar la verdad?.

Los recuerdos…pero sin ventas

Apenas terminó la frase cuando llegó una señora preguntado si vendían pantalones de pana. “No tenemos; hace muchos años que los descontinuaron”, fue la respuesta.

Pero al comentarle que tiendas como El Progreso no pueden vivir sólo del pasado cuando se encuentran en el presente, acotó:

“Posiblemente, tratando de ser optimista, todavía los clientes están regresando y es que (los clientes) se acuerdan –de lo que ha sido esta tienda- y no nadamás los clientes, sino los hijos y los nietos de los clientes. La familia está regresando”, dijo en tono de esperanza.

Y ejemplificó en no pocos clientes (de diferentes edades) que le han dicho: “Aquí mi papá me traía y compraba mis ‘Levis’ (Jeans), compraba mis uniformes de la escuela”.

Prestigio mercantil ganado

Al preguntarle si ante esa realidad, ¿esto ya no tiene retorno sólo hay para abajo y no para arriba, de nuevo al progreso?, Doña Ruth recobró el aplomo inicial y desafiante: “Con un capitalista,”, respondió convencida, “yo creo que sí, esta tienda se levantaba otra vez como antes”.

Y reafirmó su convicción: “Yo pienso que si hubiera una persona que dijera yo compro este lugar y se decide a invertirle capital, le iba a ir muy bien por todos los clientes que hay todavía”.

Las palabras de Doña Ruth tienen una base muy sólida: décadas de prestigio mercantil ganadas en el lugar donde todavía se encuentra, es un cordón umbilical muy fuerte que “lo podría aprovechar un comprador”.

Yo ya ahorita estoy comprando ya lo limitado para sobrevivir. Dos años de contrato, los dueños del lugar.

Sin dejar de pisar siempre en la realidad, la entrevistada reconoce , por último- que conforma a las escasas ventas que se tienen en “El Progreso”, simplemente “no sale” sino sólo para poder cubrir la renta del local y reciclar la escasa mercancía en existencia, una realidad que golpea a muchos comerciantes de San Ysidro.

Horacio Rentería

Ellatinoonline.com

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