“Devolver lo que Dios me ha dado”, Bernardo se siente feliz porque vuelve a ser una persona saludable

Bernardo (derecha) acompañado por su esposa Ana (izquierda) y su amado nieto (al centro). Foto: Horacio Rentería/El Latino SD.

SAN YSIDRO.- Hace alrededor de tres años que Bernardo y su esposa, Ana Manjarrez, acudían a la catedral de Tijuana para llevar comida a los migrantes.

El hombre quien comenzó trabajando en una fábrica de muebles y luego asumiría su oportunidad como vendedor de casas móviles en la ciudad de Orange, se tuvo que venir por circunstancias muy especiales a San Diego.

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“Me vine a San Diego porque mi hermana vivía aquí y se me enfermó, y cuando llegué aquí yo también resulté enfermo del corazón. Tras un infarto, me llevaron de emergencia al hospital y ahí me detectaron que tenía una falla cardiaca”, dijo.

Pero no sólo problemas cardiacos tenía Bernardo sino la falla en un riñón, así que requeriría para poder vivir no uno sino dos trasplantes de órganos vitales.

La buena suerte y quizás el amor en Dios y la Virgen que la familia Manjarrez tiene, rendirían frutos, pues aunque fue colocado en lista de espera para ambos trasplantes, la respuesta vendría pronto.

Indicó que en sólo 3 meses ya estaban listos  los dos órganos donados por personas o familias que no conoce, pero que no sólo le salvaron la vida sino que ha recuperado, tras las dos intervenciones quirúrgicas practicadas el mismo día –sólo con intervalo de horas entre una y otra- “la energía por completo”.

Bernardo dijo que fueron los doctores Peter M. Hoagland, Cardiólogo y Daniel Brown, de Sharp Memorial, los que le practicaron las operaciones de corazón y riñón respectivamente, con gran éxito.

“Estoy muy agradecido con los donadores, el hospital y los doctores porque he vuelto a vivir”, dijo feliz el entrevistado quien reside en un desarrollo habitacional de la Beyer Boulevard ubicado frente a la unidad Villanueva de la Casa Familiar de San Ysidro.

“Cuando yo entregaba comida (a los migrantes) en el centro de Tijuana me sentía con mucha energía, no me sentía enfermo, y ahora que me reponga bien de todo; entonces voy a comenzar de nuevo con mi esposa, pues quiero pagar todo lo que Dios me ha dado”, afirmó el buen samaritano.

Sin embargo, Bernardo Manjarrez, quien acude a hacerse revisiones periódicas incluidas biopsias tras la operación, ha sido invitado también por personal del Hospital Sharp Memorial de Kearny Mesa, para que de pláticas y testimonio de su caso.

“Es dar un ejemplo de vida”, agregó, “de que yo a pesar de que estaba enfermo, yo ayudaba a la gente y de que se puede todo”.

Señala que ahora toma las cosas con calma y trata de no desesperarse aunque reconoce que por la enfermedad “me desesperé porque no podía hacer nada; vendí una casa que tenía en la ciudad de Santa Ana (California), una ciudad donde vivió más de 30 años, antes de venirse con su familia a San Diego.

Y concluye: “Ya que me reponga voy con mi esposa a volver a hacer lo mismo (repartir comida); a pagar todo lo que Dios me ha ayudado; tengo que devolverlo con la gente pobre, que viene de países de Centroamérica, sufriendo y que necesita un pan para sobrevivir”.