“¡Duro camino!. El de los migrantes, afirma miembro de la Caravana; “allá no se puede vivir”, dice Madre

Los migrantes hacen fila para recibir sus alimentos. Foto-Cortesía: Perla Coral Rentería.

TIJUANA.- “Este camino es duro, durmiendo en la calle, con gripa y calentura; a veces en el suelo y hasta sobre piedras, pero no nos rendimos” , advirtió el migrante hondureño Miguel Ángel Ochoa, quien forma parte del grupo de la primera Caravana Migrante.Este hombre, quien dejó en Tegucigalpa a su esposa, Wendy Milagros Reyes y sus 3 hijos (una adolescente de 16 años de edad) y dos niñas de 6 y 2, respectivamente, denota en su rostro dudas cuando se le preguntó ¿si estaría dispuesto a trabajar en México?, aunque dijo tener dos años sin tener un trabajo firme.

“Estoy viendo las posibilidades, aunque aquí también es peligroso; si no hay otra alternativa, vamos a trabajar acá”, respondió al señalar que tiene la esperanza que el nuevo presidente de México, (Andrés Manuel López Obrador), les abra opciones de empleo.

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“Nos gasearon”

Miguel Ángel, quien tomó parte en la marcha que culminó con la dispersión de los manifestantes al intentar cruzar la línea divisoria, luego de recibir gases lacrimógenos y balas de pimienta por parte de agentes y guardias fronterizos, señaló al preguntarle si fueron por su cuenta o porque líderes le aconsejaron: “Teníamos que ir, aunque era un peligro la mera verdad, nos gasearon…”.

El nuevo albergue

Ochoa afirmó asimismo que en muy poco tiempo se le acabaron las 2 mil lempiras (moneda nicaragüense) y ahora se encuentra ‘varado’ en el popular salón de eventos conocido como ‘El Barretal’, un espacio abierto que consta de un galerón localizado en la parte Este de Tijuana. Los migrantes fueron reubicados de su primer albergue (El Benito Juárez, en la Zona Norte).

Más decidida y con mayor convicción pareció la respuesta de una madre de familia cuando fue abordada por el reportero acerca de si estaría dispuesta a trabajar en México, dado que se observan muy pocas posibilidades de que le otorguen asilo político en Estados Unidos.

Clama por un empleo digno

“Claro que sí. Me gustaría trabajar en México, en lo que sea pero que sea digno. Tuve que salir de Nicaragua porque allá la cosa se ha puesto muy fea con las balaceras y las pandillas; no hay trabajo y a mi hijo (Leonel Esteban, de 12 año de edad) tuve que sacarlo de la escuela porque hay mucho peligro para él”.

Así lo cuenta Karen Lorena Pérez, una madre que arribó con la primera caravana, sólo acompañado por un hermano y sus hijos y quien ruega por poder encontrar un empleo en México para poder sostener a sus cuatro hijos.

“Salí del país hace poco más de tres meses y como dos y medio que me uní a la primera caravana”, relató.

Cargando en brazos a una niña de 2 años, quien en algunas ocasiones tosía en el desarrollo de la entrevista, dijo: “a diferencia de Honduras donde hay un trabajo, aunque mal pagado, en Nicaragua no se puede ahora vivir y está peor desde que comenzó el problema, hace unos 7 meses” (en referencia al conflicto civil de oposición a Daniel Ortega y su gobierno).

“Problemas muy graves”

“Allá se están viviendo problemas muy graves; todo está destruido, el país está peor que antes y después de la revolución sandinista; Nicaragua está quebrada y lo que pasa es que aún si tienes la suerte de tener algún trabajo, nos roban la mitad del salario”, dijo Karen Lorena.

Viendo de reojo a su niña en brazos, continuo: “pobrecito, está enfermo, y yo me pregunto, qué necesitad tiene de haber venido al mundo y star sufriendo con estos fríos y fuera de su casa, pero no se puede –por ahora- hacer otra cosa”, externó.

La madre, quien insistió que estaría dispuesta a trabajar, en Tijuana, en tortillerías, maquiladoras o en lo que fuera –repito en algo digno- para poder rentar un cuartito, se mostró agradecido del apoyo recibido por organizaciones del gobierno y particulares mexicanos y agregó que gracias a ello su pequeño hijo ha tenido medicamentos y los miembros de su familia, alimentos durante la caravana.

No conocen a su padre

Celeste y Fernanda, de 19 y 16 años de edad, respectivamente, son dos hermanas quienes dijeron no haber conocido a su padre (a quien sólo han visto en fotos), porque hace muchos años se fue a Estados Unidos a trabajar y se separó de ellas y su madre, quien también viene en el grupo de migrantes que se encuentran en el albergue.

Señalaron ser originarias de Copán, Honduras, y reconocieron que aunque hay trabajo, “pagan muy poco”, además de que prevalece la violencia.

Sobre su padre, afirmaron que aunque les envía dinero de Estados Unidos, lo hace cuando quiere y no manda bastante; además de que (Honduras) es demasiado caro y no se puede vivir con eso”.

Karen Lorena López con dos de sus hijos. Foto: Horacio Rentería/El Latino San Diego.
Hombres toman el sol a la entrada del albergue. Foto-Cortesía: Perla Coral Rentería/El Latino San Diego.
Los niños, como esta pequeña, son los que más están sufriendo en esta amarga travesía. Foto: Horacio Rentería/El Latino San Diego.
El migrante hondureño Miguel Ángel Ochoa. Foto-Cortesía: Horacio Rentería/El Latino San Diego.