Aumenta la crisis de los refugiados haitianos en ambos lados de la frontera

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Nova Vitoria cumplió el domingo 15 días de nacida en San Diego. Es estadunidense por nacimiento. Está en San Diego con su madre, Sandra Alexandre, de 24 años de edad, pero a su padre, Volcy Dieumercy, no lo ha conocido está en un centro de detenciones en Calexico a la espera de ser deportado a Haití.

Cuando Sandra confirmó que estaba embarazada, la pareja comenzó los planes para viajar a Estados Unidos a tratar de mejorar su vida cuando naciera la bebé.

Cruzaron parte del Amazonas, pasaron a pie la selva colombiana. Sandra dice que a veces dormían y a veces no; la comida era igual de inestable. Cruzaron Panamá sin mucha espera, pero al llegar a Costa Rica tuvieron la sorpresa de que tenían que pagar buena parte de sus ahorros para que les permitieran cruzar.

Siguieron por Nicaragua, Honduras, Guatemala y México, donde abordaron un autobús de una nueva ruta al servicio de los refugiados, que viaja a través de todo el país, desde Tapachula hasta Tijuana.

Tal vez porque el embarazo de Sandra era obvio, la pareja consiguió con cierta facilidad, con unos días de espera, una cita para pasar a la garita de San Ysidro a exponer a oficiales estadunidenses de migración las razones por las que pedían asilo en el país.

Cuando salieron de Brasil había una razón de peso: la promesa del presidente Barack Obama en enero del 2010 de no olvidar a los haitianos, ni abandonarlos. Un terremoto de más de 7 grados Richter había destruido casi todo el país, causó más de 220 mil muertes en el ya entonces país más pobre en el continente. Brasil también ofreció apoyo y recibió a decenas de miles de damnificados. Pero tres meses después de que Sandra y Volcy salieron de Brasil y poco antes de que entraran a la garita de San Ysidro, el Departamento de Seguridad Interior (HSD) de Estados Unidos anunció el 22 de septiembre sorpresivamente que reanudaba las deportaciones de haitianos.

El cambio de política ocurrió cuando Sandra y Volcy ya se dirigían a la garita de San Ysidro, y entró en vigor de inmediato: Sandra con su embarazo pudo pasar a San Diego pero a Volcy lo enviaron a Calexico. Tres días más tarde ella daba a luz en el hospital Mary Birch y mantenía al tanto por Whasapp a Volcy. Nació Nova Vitoria y los papás perdieron contacto; él ya estaba en proceso de deportación.

Nova Vitoria se convirtió a los pocos días de nacida en símbolo de una campaña de la organización Alianza San Diego para pedir a Estados Unidos que detenga las deportaciones de ciudadanos haitianos.

El proceso de deportación también provoca que los refugiados se acumulen en Tijuana y Mexicali en Baja California.

La abogada de migración Ginger Jacobs explicó que cuando los aspirantes a refugiados entran a la garita de San Ysidro, permanecen tres días en esas instalaciones, mientras oficiales de Inmigración y Aduanas (ICE) verifican identidades, contactos en el país, revisan antecedentes penales, incluso con ayuda de gobiernos de otros países.

Pero las inspecciones ahora con posibilidades de deportación de haitianos requieren de averiguaciones más minuciosas, y por lo tanto más tardadas.

Por eso es que organizaciones civiles como el Desayunador Salesiano en Tijuana y autoridades federales entregan a los refugiados “fichas” con el día y la hora en que se les espera en la garita, pero son fechas cada vez más distantes. Pero la garita de San Ysidro mantiene constante una recepción de cien solicitantes por día, 50 por la mañana y 50 por la tarde. Mientras a Tijuana, como el domingo de esta semana, llegan en unas horas cientos de migrantes que buscan asilo.

“Esto nos ha rebasado, ha desbordado nuestra capacidad en los refugios”, explicó el padre Pat Murphy, director de la Casa del Migrante en Tijuana.

A Tijuana han llegado desde mayo miles de refugiados de Haití, Congo, Venezuela, Rusia, del triángulo de Honduras, El Salvador y Guatemala, de Paquistán, de países del Medio Oriente, de algunas regiones asiáticas y también mexicanos.

Pero mientras en mayo daban “fichas” para ser atendidos en la garita en unos días, ahora son para dentro de 45 días, confirmó la encargada del desayunador, Margarita Andonaegui.

“Es decir que los refugiados que llegaron el domingo van a ser atendidos en promedio para mediados o fines de noviembre, y mientras tanto vienen miles más”, informó. Como los refugiados saben que sus esperan serán tan prolongadas en Tijuana o Mexicali, después de viajar en promedio entre dos y tres meses hasta la frontera estadunidense, terminan por desesperarse.

Decenas de refugiados de Haití que llegaron el domingo a Tijuana optaron por dormir en el piso formados en espera de sus fichas para no perder lugar; tampoco aceptaron ya ir a refugios.

La cosa es saber cuántos más vienen, comentó Andonaegui.

Las cifras que se conocen son parciales. El Consorcio de los Derechos de los Inmigrantes de San Diego informó que en lo que va del año ha asistido a poco más de cuatro mil refugiados de Haití. Unos tres mil de ellos desde mayo.

El gobierno de Estados Unidos no proporciona datos sobre asilo a la prensa, así que es más difícil saber cuántos refugiados de otras nacionalidades han llegado desde mayo, pero a consideración de organizaciones en Tijuana deben ser otros tres mil, por lo menos.

Aparte, el padre Murphy informó que en Brasil unos ocho mil haitianos se preparan para salir rumbo a la frontera de Tijuana, según sus contactos a lo largo del recorrido.

El delegado del Instituto Nacional de Migración en Baja California, Rodulfo Figueroa, calculó por su parte que en puntos intermedios entre Brasil y Tijuana ya se encuentran en camino hasta cinco mil haitianos pero sin un número específico de migrantes de otras nacionalidades.

El padre Murphy opinó que “definitivamente nos va a rebasar”, pues aparte de miles de personas, de las que se sabe, que se encuentran en camino, están las que ya llegaron a Tijuana y Mexicali y tendrán que esperar en promedio a noviembre para ver si les otorgan asilo, con la, ahora con la tensión de que, como el papá de Nova Vitoria terminen en proceso de deportación.

De acuerdo con refugiados de Haití, las familias trabajan y ahorran unos cinco años en promedio en Brasil para costear su viaje a Tijuana.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com

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