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EDICIÓN IMPRESA |
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EDICION IMPRESA #37, Semptiembre 3 al 9 de 2010
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EDICION IMPRESA #36, Agosto 27 a Septiembre 2 de 2010
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EDICION IMPRESA#35, Agosto 20 al 26 de 2010
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Publicado el 11-12-2009
Las hojas de la esperanza |
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editor@ellatino.net
Como todos los años, desde que me naturalicé como ciudadano estadounidense cumplí con el rito cívico de ir a votar en la fecha señalada por el calendario electoral en la primera semana de noviembre. Así que el martes 3 de este mes, después hacer un repaso por los noticieros locales de la mañana y leer por internet lo relacionado con política en el diario en inglés de Charlotte, me alisté temprano para sufragar. Me arreglé lo mejor posible y me unté la colonia que uso desde hace casi treinta años. De camino al edificio municipal de Cornelius, donde estoy registrado para votar, por el cristal del panorámico el auto observé como el viento del otoño peluqueaba los arboles y las hojas rojas y amarillas caían en los prados y las calles con igual nostalgia que en el imborrable martes 4 de noviembre de 2008, cuando se hizo historia con la elección del primer presidente afroamericano. En esta ocasión, las tres votaciones en las que se me permitió participar aparecían oficialmente como no partidistas, por lo que para cerciorarme de estar haciendo lo correcto, el día anterior llamé a la oficina condal del partido al cual estoy afiliado, pero allí no me supieron dar ninguna recomendación acerca de los candidatos que apoyaban y sus programas. Entonces me comuniqué con la sede del partido por el que regularmente no voto y no comparto su filosofía, y allí una señora cordial me dio la orientación detallada de los aspirantes que secundaba y que por supuesto fueron los que descarté en el momento de sufragar. No me demoré en usar la máquina electrónica en que digité mis preferencias más de medio minuto. En la tarde pasé a hacer un diligencia en el banco y la cajera hispana que me atendió al ver en la solapa de mi abrigo la pequeña calcomanía ovalada con la bandera que indicaba que yo ya había votado, me dijo que el año anterior se había interesado mucho en las elecciones presidenciales y había sufragado con entusiasmo, pero que no planeaba participar en los comicios de ese día. Yo terminé admonizándola cordialmente con una perorata por su actitud y le hice presente que los sitios de votación cerraban a las 7:30 de la noche. Salí un poco sulfurado del banco al recordar las dificultades que se han tenido y se tienen aún ... |
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